¿Llorar nos desahoga?


Una de las primeras cosas que hacemos cuando se nos presenta una dificultad, es dejar fluir la emoción más cercana, la pena. Es una sensación que poco a poco nos comienza a invadir, desde el nudo en la garganta pasamos a derramar lagrimas, para terminar con los suspiros, cuándo la calma vuelve lentamente.

Sin embargo, por años tratamos de no “llorar”, porque era una señal de debilidad. Dígame si no ha escuchado la famosa frase “los hombres no lloran”, o sea ¿no pueden expresar lo que sienten? Es momento de sacar las vendas de los ojos, de pronto aquellos que se hacen los fuertes y no expresan lo que sienten, explotan de la peor manera ¡uff!

No significa que nos victimicemos con este acto, de hecho hay quienes lo mal utilizan y el llanto en muchas ocasiones es un arma de manipulación con la pareja, para lograr que cambie rápidamente de opinión y el panorama se ponga a favor del “llorón” o “llorona”.

Desde pequeños que nuestro comportamiento es muy cruel, el mal utilizado “es niñita” o despectivamente les decíamos “ya está llorando”. Bueno, en algún momento pensamos ¿si esa persona es más sensible?. ¡egoístas!, no todos reaccionamos dela misma manera.

Hay múltiples situaciones que nos causan pena, por ejemplo la pérdida de una persona cercana, el fin de una relación de pareja, tener un accidente o cuándo ya no damos más de estrés… reventamos y como si la carga se nos hiciera menos pasada ¿no encuentran ustedes?

Ahora no todo es pena, la emoción también la demostramos con lagrimas ¿lloramos de felicidad?… cuándo tenemos ataques de risas, esos momento que nos sacan de la rutina y nos hacen reír a carcajadas.

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¿Llorar nos desahoga?

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