Lo que dice la ciencia: 4 métodos para motivarte a hacer ejercicio


Muchas hemos querido comenzar a ejercitarnos, ya sea por diversión, para mantenernos en forma o simplemente querer tener una vida más sana y balanceada. Pero la realidad es muy distinta, el querer no siempre es poder y aunque a veces existe mucha motivación, la decisión final nunca se concreta y el ejercicio queda “para mañana”. Como ya sabemos, la sabiduría común no nos ayuda mucho a tomar esa determinación, porque nos basamos mucho en el imaginario y dejamos el acto real como si fuera una mera utopía inalcanzable.

Por suerte existe la ciencia, en donde expertos han estudiado el cómo descifrar el código que nos llevará a motivarnos para hacer algo que no necesariamente haríamos de otra forma:

 

1. Proponte una recompensa tangible

Muchas creíamos que una motivación como “verse mejor” o “tener una vida saludable” era todo lo que necesitábamos, porque son recompensas reales que nos ayudarán en el largo plazo. Pero, lo que realmente propone la ciencia es que esos “premios” sean más tangibles, que podamos tenerlo instantáneamente después de ejercitarnos, como tomarnos un smoothie o ver un capítulo de Grey’s Anatomy.

Crear esa motivación nos gatillaría a querer involucrarnos más en lo que estamos haciendo, hacer la rutina y luego obtener la recompensa. Ese premio extrínseco es muy poderoso porque nuestro cerebro entendería que hay algo más allá del esfuerzo y que este valdrá la pena, de esa forma aumentan las probabilidades de que la rutina se convierta en un hábito. Luego de un tiempo, cuando ya hayas hecho varias sesiones de ejercicios, tu cerebro comenzará a entender que la recompensa en sí es la sensación de sentirse muy bien luego de realizar alguna actividad física. El sentirse bien será el premio final.

 

 

2. Firma un contrato de compromiso

Todas nos hacemos promesas durante el día, el hacer tal o cual cosa, pero hay estudios que han demostrado que es más probable que cumplamos estas promesas si las hacemos frente a amigos o familiares. Otro método es el tener que pagar por romper esta promesa, como tener que invitar a una amiga a un café cada vez que no salgas a trotar dos vueltas a la manzana con ella. El tener que enfrentar ese acuerdo es una buena forma de mantenerte alerta y pendiente de no querer romper ese pacto. Seguramente no quieres que tus amigas piensen que no puedes cumplir con tus promesas.

 

3. Replantea el pensamiento positivo

Los devotos del “pensamiento positivo” han promovido el visualizar los beneficios del buen comportamiento como una estrategia motivacional. Por ejemplo, cuando estoy decidiendo el salir de mi cama en la mañana para dar un trote matutino o quedarme esos “5 minutos más”, el imaginarnos el cómo se sentiría ese sol del amanecer en nuestro rostro o pensar cómo se desarrollarán nuestros músculos en el futuro nos ayudaría a poder tomar de mejor forma esa decisión. Pero hay que tener claro que estas sensaciones de satisfacción son solo compatibles cuando cuando se tienen objetivos realistas. Para poder lograr esto  hay que primero visualizar nuestro deseo y encontrar un buen final al mismo, pero también tienes que identificar qué es lo que te detiene en completar esta meta.

 

 

 

4. Encuentra tu espacio dentro del entrenamiento

Seamos sinceras: aunque te paguen para que hagas más abdominales, no lo harías. Es más, la misma ciencia descubrió que aunque se les presente a una persona una gift card de $20.000 solo por hacer más vueltas a la pista, la motivación sería la misma y ni siquiera intentarían esforzarse más. En cambio, el tener un grupo motivacional que te comprenda, acompañe y empuje a dar lo mejor de ti es algo que el dinero simplemente no puede comprar. Es por eso que es importante encontrar tu tribu dentro del deporte o ejercicio que estás haciendo.

 

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